Que cosa tan disparatada es el sentido común.
Son reglas invisibles, modelos de vida que nos habitan sin que seamos conscientes de ello. Un camino que vamos siguiendo a lo largo de nuestras vidas.
Hubo una vez un camello. Este camello cargaba un enrome algo en su espalda, y caminaba hacia quién-sabe-donde cargando quién-sabe-que porque así le dijeron que debía hacerlo. Y el camello, sin cuestionarse, en un trance interminable seguía su camino, trazado por alguien más.
Pero un día, el camello despertó. Y se dio cuenta que lo que iba cargando en su espalda era el sentido común. Pero no su propio sentido común, si no uno universal sucio e ilógico. Un sentido común cuadrado y sin juicio, impuesto por una mayoría y adoptado por el resto.
Aterrado por la idea de tener que caminar sobre las huellas de millones de camellos por el resto de su vida cargando ideas prestadas, el camello se sacudió tan fuerte como pudo, y mientras el sentido común caía por sus costados, el camello comenzó a convertirse en un león.
El enorme león, vio el sentido común desperdigado por el suelo alrededor de él. Y después de tratar de analizarlo y buscarle sentido, decidió hacerlo pedazos. Así que con la ayuda de sus feroces dientes y sus puntiagudas garras se dedicó a despedazar el sentido común prestado. Rompió los dogmas, arrancó los prejuicios y deshizo la ignorancia. Y cuando no quedaron más que pequeños pedazos de ideas sobre la arena, apareció un niño en el lugar del león.
El niño, con sus ojos bien abiertos, comenzó a caminar entre el laberinto de ideas que el león había dejado esparcido, agachándose de vez en cuando para tomar una u otra idea que le parecían importantes. Pues lo que el niño trataba de hacer era crear un nuevo sentido común. Uno a través del juicio, de la inteligencia, la percepción y la reflexión. Y por supuesto con la ayuda de viejas ideas, pero siempre abierto a nuevas maneras de actuar frente al mundo.
Tal vez, en unos años el niño crezca y aplastado por la sociedad, se convierta de nuevo en un camello. Pero no debemos olvidar que el camello siempre puede cansarse, cuestionarse y decidir dejar de caminar el línea recta. Entonces vendrá el león y ,a su vez, volverá el niño.
Con todo esto, quiero decir que no debemos de permitir que un solo sentido común sea el que dicte nuestras vidas. Debemos detenernos, cuestionarnos para saber si estamos haciendo lo correcto. Y como los niños, mantener nuestra mente abierta a diferentes maneras de percibir y de reaccionar ante la vida.
Yo no quiero vivir en un mundo plagado de camellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario