"¿Sabe cuál es mi enfermedad? La utopía. ¿Y sabe cuál es la suya? La rutina. La utopía es el porvenir que se esfuerza por nacer. La rutina es el pasado que se obstina en seguir viviendo"
-Victor Hugo-
La realidad, o más bien la forma de interpretar a eso que llamamos "realidad", se ha ido modificando a través del tiempo. Conforme evolucionan nuestras formas de pensamiento, cambia también la realidad frente a nosotros.
En La Ciencia de la Modernidad de Mario Heler, nos explica estos cambios centrándose en un parte-aguas para la historia del pensamiento humano. El mundo antes y después del renacimiento.
El texto se divide de una forma clara en 7 puntos clave que explican el contraste entre la edad media y el Renacimiento que después se convierte en la época moderna.
El primer punto explica como durante la edad media la vida mundana está eternamente dedicada a la eternidad. En otras palabras su existencia y su comportamiento eran dictados por lo que sucedería con ellos después de la muerte.
En cambio, en la modernidad, las nuevas prácticas de mercado requieren que el hombre deje de basar sus acciones en lo intangible, necesita que su vida gire entorno al espacio y al tiempo en el cual se está viviendo. El hombre entonces evoluciona en su relación con el mundo, en el cuál debe no solo sobrevivir, si no buscarle algún sentido a su existencia.
En el segundo punto, durante la edad media se entiende al humano como un espejo "El hombre conoce porque es capaz de reflejar al mundo". De esta forma podemos comprender una relación epistemológica sujeto-objeto en la cual el hombre es pasivo, por ser receptivo.
Mientras que, después de el famoso postulado de Descartes pienso, luego existo, podemos entender que el sujeto predomina sobre el objeto. Otra forma de decirlo sería que el objeto existe, porque el sujeto puede percatarse de ello.
En tercer lugar, para no hacer el cuento largo, la antigüedad y el medioevo valoraban inmensamente la vida contemplativa. En la época moderna, se privilegia la vida activa y de transformación. "Cambiar el mundo para adueñarse de él y ponerlo al servicio de la humanidad".
El cuarto punto, es una síntesis de los anteriores tres. Como el hombre deja de buscar la eternidad, deja de reflejarse en el mundo y abandona su vida contemplativa, el humano deja de ser el centro del universo. Personas como Freud o Darwin, cuestionan tanto el pasado como el presente humano, descartando la creación y divina y cualquier poder que pudiera ejercer sobre nuestro comportamiento un ente superior. Vuelve al hombre artífice de su propio destino. Ya no busca llegar a un paraíso al final de su vida, quiere hacer del mundo que está viviendo, un paraíso terrenal.
En quinto lugar, al ser el hombre artífice de su destino, es también el único responsable de sus acciones. La modernidad postula la libertad de cada ser. O como reconoce el capitalismo "El derecho de cada individuo de ocupar un lugar en la sociedad que sepa ganarse."
Por lo tanto, en sexto lugar, la modernidad da pie al libre pensamiento, que constituye un derecho pero también un deber. Derecho de construir nuestro destino, de dar forma a nuestra vida. Pero a pesar de ser libre de pensar lo que nosotros queramos, el orden social dictará la mayor parte de nuestras veces como iremos a actuar.
El séptimo punto, como conclusión, hace referencia al cuarto punto que habla de la utopía de hacer un paraíso en la tierra. Nuestro progreso se está convirtiendo en una recuperación, para a través de la razón dominar la naturaleza y descubrir posibilidades de transformar nuestra realidad, y como lo dice Heler "recuperar el paraíso perdido".
¿Qué fue entonces lo que sucedió con la realidad que vivimos hoy en día? El texto de Heler, es un claro ejemplo de como nuestra manera de percibir la realidad va evolucionando porque nosotros también hemos evolucionado.
El mundo, nuestra manera de relacionarnos con él, nuestros conocimientos y nosotros mismos estamos en constante cambio. Como si fuéramos piezas de un rompecabezas, condenadas a embonar las una con las otras, pero si estas piezas van cambiando su forma, deben siempre de encontrar la manera de adaptarse la una a la otra.
Es un echo, que el mundo actual no es el mismo que era en la antigüedad, ni en la edad media. Pero tampoco es ya el mismo que fue en el renacimiento y en la época moderna.
Nuestro problema es que seguimos tratando de embonar con un mundo de hace más de un siglo, habitado por personas con ideas y modelos de vida totalmente diferentes.
Es hora de hacer un cambio en nuestra forma de relacionarnos con el mundo, de conocerlo.
Personas como Sugata Mitra ya han hablado de cambiar nuestros métodos de aprender, de relacionarnos, de esparcir el conocimiento. Hace unos meses también escuché una plática de un niño de 13 años que habla de como él es un ejemplo de una nueva forma de aprender, en la cual se modifica el sistema clásico de enseñanza en un aula de escuela.
Estos son solo un par de ejemplos de personas, que ya son conscientes de que un cambio es necesario, al igual que el renacimiento tuvo que replantearse y cuestionarse lo que la edad media dejó a su paso, y así poder plantear un cambio de paradigma, está ahora en nosotros replantearnos y cuestionarnos para así poder dar paso a un nuevo cambio de paradigma que se adapte al mundo actual.
¿Que tiene que ver lo que creemos con nuestra relación con la realidad? En la edad media la gente creía porque era la única opción que tenían, la dedicar su vida a la eternidad tenían que creer que esa eternidad los esperaba para así tener un motor de vida. En el renacimiento la creencia religiosa fue sustituida por la fe en la libertad y en el derecho de cada persona de forjar su propio destino. ¿Pero entonces en que debemos creer ahora para seguir con el progreso?
-Papá ¿Qué es la utopía?
-La Utopía, hija, es como el horizonte. Cuando andas dos pasos la utopía retrocede dos. Si andas diez, ella vuelve a retroceder otros diez.
-¿Entonces para que sirve la utopía?
-Para eso hija, para seguir caminando.
No tenemos que olvidarnos de todo lo que creyeron, avanzaron y aprendieron nuestros antepasados.
Una vez una maestra me dijo que el proceso de crear y de transformar es como lanzar un dardo. Para que el dardo avance con fuerza en la dirección que queremos, es necesario primero retroceder para agarrar vuelo y cuando el dardo esté a nuestra altura, soltarlo para que siga avanzando.
Hay algo increíblemente evidente, pero al mismo tiempo fascinante que tienen en común el hombre y el tiempo. Ambos caminan hacia adelante.
En mi opinión, este es el origen mismo de toda creencia. No es necesario abandonar el creer en una religión, en una filosofía, en la libertad, en una persona para poder creer en la utopía de un mejor mañana.

Muy buena síntesis y muy bonita reflexión! Me hiciste acordarme del documental que queríamos recomendarles para la primera actividad del curso, se llama "Surviving Progress", si puedes búscalo.
ResponderEliminarPero además, pensé en dos aspectos fundamentales con los cuales cobran sentido todas estas reflexiones: el tema de nuestra "implicación" en el mundo, es decir, el lugar que ocupamos en él desde nuestras posturas y acciones; y el de las interdependencias, todo está relacionado, el conocimiento que se desarrolló en un momento fue indispensable para ese contexto histórico. Debemos ahora pensar qué nos toca hacer para el conocimiento que demanda este contexto actual.
Ale,
EliminarLa semana pasada vi el documental de "Surviving Progress", efectivamente es algo así de lo que hablo.
Me gustó mucho la conclusión del documental que habla sobre como debemos probarle a la naturaleza que la raza humana somos capaces de tomar el control de nuestro destino de una manera más responsable, y probar que la humanidad no es un experimento fallido.