domingo, 30 de marzo de 2014

Creer, Motor Humano


“Si cambiamos la forma de ver las cosas, las cosas cambian de forma. Creer es crear”
-Filosofía Maya-

En la filosofía Maya, cualquier elemento externo a nosotros (los animales, las cosas, las demás personas, la tierra, el cosmos…) se consideraba que era poseedor de un corazón y que por lo tanto gozaban y sufrían como nosotros (siendo nosotros el sujeto que está
percibiendo todo lo demás).

Consideraban al universo como una unidad.

En el texto de Fernández Christlieb, El Conocimiento Encantado, nos menciona un tipo de Epistemología que resulta esencial y puede que sea exactamente la base de el acto mismo de creer.
En la Epistemología del encantamiento, Christlieb habla de un intercambio, un especie de acuerdo mutuo entre el sujeto y el objeto:
“Nosotros somos la realidad, porque la realidad es nosotros entonces la vida se cumple, tiene sentido, vale la pena por el solo echo de saber que uno pertenece a ella, contribuye a ella (…)”.

Pero para lograr este intercambio, este entendimiento, es necesaria una tregua entre sujeto y objeto. No se trata de simplemente pasar a ser parte el uno del otro, es necesario atribuir al objeto una parte de nosotros para así recibir parte de él, es creer que el objeto es algo más que simplemente un ente ajeno a nosotros. Es, de cierta forma, otorgarle vida. De la misma forma que los Mayas le otorgaban vida a todo el universo, el acto de creer, es otorgarle sentido a cosas de carecen de él.

Según la RAE, Creer es “Tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está comprobado o demostrado.”
Es esta misma cualidad la que nos caracteriza, la que nos vuelve humanos. La capacidad de darle un sentido a las cosas, de atribuirles algo más que lo que simplemente podemos percibir con nuestros sentidos.

Entonces, ¿Qué es lo que vuelve tan necesario el acto de creer en algo?

Creer, no se reduce solamente a tener una fe religiosa, o creer en un ente superior que tiene el control sobre la fortuna del universo, se puede creer en ideas, en personas, en reglas invisibles, en el futuro, en una nación.

Son innumerables las cosas en las cuáles un ser humano busca creer, pero ¿Para qué?
Porque necesitamos un sustento.

Lo explicaré de esta forma. A mitades del siglo pasado, aparece un personaje que hará a la gente cuestionarse acerca de las razones de su existencia. Jean Paul Sartre es un existencialista ateo, que se refiere a al ser humano como un ser para la nada. “Los seres humanos estamos condenados a la libertad”, refiriéndose a la libertad como un vacío en el cual flotamos desde el primer momento que llegamos al mundo. No existe un razón específica por la cual estemos aquí, ni una razón por la cual debamos seguirlo estando.
Esta sensación de angustia, este vacío es exactamente por lo que los humanos sentimos la necesidad de creer en algo.

Por otro lado tenemos un diferente tipo de existencialismo el cual se articula en la búsqueda de sentido. Soren Kierkegaard pensaba que cada persona debe escoger su propio camino en el cual creer, descartando normas y criterios universales o culturales.
“Debo encontrar una verdad que sea verdadera para mi… Por la que pueda vivir o morir”.
Este tipo de existencialismo se acerca más al punto que quiero probar, en el cual los seres humanos viven en una constante búsqueda, movidos por lo que creen.
Los seguidores de Kierkegaard decían que las cosas más importantes de la vida no son accesibles a la razón o a la ciencia. Por lo tanto, no pueden comprobarse con un método científico, y a veces ni siquiera pueden ser vistas. Y sin embargo, estos pilares invisibles, han sostenido a la humanidad desde sus orígenes.

En un texto de Danièle Hervieu-Léger, nos es explicado cómo ha evolucionado la forma de creer de las personas, y cómo funciona hoy en día la fe de los seres humanos.
Aquí es dónde nos encontramos caminando sobre hielo fino.
En este mundo globalizado, todos nos hemos vuelto un híbrido de culturas. Lo podemos notar desde nuestro aspecto físico dictado por la publicidad estadounidense y europea, nuestro régimen alimenticio que es una combinación entre la comida local, fideos chinos y pasta italiana; o también nuestra manera de pensar, influenciada fuertemente por el cine y el internet.

Todos estos cambios no nos afectan solo superficialmente, nos hemos vuelto también un combinación de creencias. Podemos celebrar la navidad, pero también ir a clases de meditación budista y leer revistas acerca del feng shui. Estamos bombardeados por infinidad de modelos de vida, creencias y corrientes filosóficas. Nos encontramos frente a un acordeón de opciones interminable, el problema es que aquí pasa algo parecido a lo que hablaba Sartre acerca de las opciones infinitas de las personas, estamos condenados a esta libertad abrumadora en la que si todo tiene valor, si todas las creencias son válidas, por lo tanto ninguna lo es. Entonces nos estamos convirtiendo en unos seres nihilistas, confundidos y abrumados por la carencia de sentido en nuestras vidas aparentemente superficiales, forjadas por una cultura homogénea y difusa.

Hay una historia, que resulta ser una de mis favoritas, que podría aclarar un poco más el tema de la confusión que nubla nuestro horizonte.

En La Historia Interminable, Michael Ende relata la historia de cómo dos personajes, Bastian un niño callado y soñador, y Atreyu un niño que vive dentro de una historia en un mundo llamado Fantasía deben juntos salvar a la Emperatriz Infantil, la suprema autoridad en Fantasía. Un extraño mal que llaman la nada se está esparciendo por todo Fantasía arrasando con paisajes y habitantes, pero este mal no solo está acabando con Fantasía, si no que al mismo tiempo está poco a poco quitándole la vida a la Emperatriz Infantil.  
Encontré un extracto de un parte de un capítulo en el cual Atreyu se encuentra hablando con Gmork, un hombre lobo encadenado en un pueblo desolado mitad comido por la nada.
“- Fantasía no tiene límites...
- Eso no es cierto, ¡mientes!
- Niño tonto, no sabes nada de la historia de Fantasía. Es el mundo de las Fantasías humanas. Cada parte, cada criatura, pertenecen al mundo de los sueños y esperanzas de la humanidad. Por consiguiente, no existen límites para Fantasía...

- ¿Y por qué está muriendo entonces...?

-Porque los humanos están perdiendo sus esperanzas y olvidando a sus sueños. Así es como la Nada se vuelve más fuerte.
- ¿Qué es la Nada?
-Es el vacío que queda, la desolación que destruye este mundo y mi encomienda es ayudar a la Nada.
- ¿Por qué?
-Porque el humano sin esperanzas es fácil de controlar y aquél que tenga el control, tendrá el Poder.”

Entendamos que Fantasía es la mente y la memoria de cada uno de nosotros, donde almacenamos todo lo que somos, lo que soñamos, lo que creemos. Un reino donde la Emperatriz Infantil somos nosotros mismos.
El problema es que, cuando empezamos a renunciar en nuestros sueños, a no creer en nada ni en nadie, a perder la esperanza, es cuando la nada comienza poco a poco a apoderarse de nosotros. No solo le borra lentamente el sentido a nuestras vidas, y nos hace caer en un vacío y una confusión angustiantes, también nos está matando a nosotros.
Acabamos por convertirnos en unas carcazas vacías, manipulables y corruptibles.
Por esta razón los medios de comunicación y la publicidad pueden dictar nuestra forma de vernos, de pensar o de actuar.
Si no tenemos sueños ni esperanzas, entonces no creemos en nada, y no hay ningún tipo de principios ni de moral que no podamos cambiar según como la situación nos convenga.
Esto nos hace sentirnos inestables, buscamos sustento en cosas que a final de cuentas son volátiles, otras veces se puede caer en fanatismos, donde hay un líder que es el único que piensa y cree en algo, mientras que todos sus seguidores son, como lo dije antes, carcasas vacías listas para que el mejor postor llegue a llenarlas de lo que se le antoje. O en el peor de los casos, la vida tiene tan poco sentido, que simplemente decidimos que no vale la pena seguir viviéndola.
Entonces volvemos a la misma pregunta que en un principio ¿Es necesario creer en algo?
Yo opino que sí. Pero hay algo que debe quedar claro, creer no es simplemente cogerse de una idea para evitar caer en la nada. Tampoco se trata de que el que tiene la mayor colección de prácticas religiosas, filosofías, sueños y maneras de pensar estará viviendo una vida feliz y llena de sentido.
No hay una forma correcta y universal de creer, ni una creencia más valida que otra. Es tal y como lo diría Geertz acerca del sentido común, depende de numerosos factores de contexto y evidentemente del sujeto que esté emitiendo el juicio.
Creer es un reflejo de nosotros mismos, el acto de la fe, comienza con algo que resulta evidente pero a la vez difícil de ver a simple vista: creyendo en nosotros mismos.
Si creemos en nuestros sueños, en nuestras esperanzas y en nuestros deseos, si creemos en nuestro futuro, en las demás personas, en nuestra libertad entonces estamos forjando una creencia auténtica, que sale de nuestra esencia.
Y creo que puedo entender esto como algo parecido a lo que hablaba Kierkegaard acerca de encontrar una idea por la cual podríamos vivir o morir.



¿Pero qué pasa cuando nos situamos en el espacio y en el tiempo en el cual nos encontramos?
El ser humano cree, eso es un echo. ¿Pero de dónde provienen todas estas creencias, ideas, utopías, formas de percibir e interactuar con el mundo?
Todos nacemos en el seno de una sociedad altamente compleja, que tiene un pasado, una historia y una cultural. 
Los hechos del pasado han determinado nuestra forma de percibir el mundo. El lugar en el que nacemos, la forma en la que somos educados, las creencias que nos son transmitidas, todo esto es parte de nuestra identidad, tanto a nivel personal, como social.
Por ejemplo: No nos enfrentamos de la misma forma a una catástrofe natural un habitante de una sociedad occidental pos moderna que un nativo de la tribu de los Nacirema. 
Un occidental lleva varios siglos conociendo la causa científica de los desastres naturales, mientras que un Nacirema muy probablemente le atribuya este desastre a fuerzas superiores que les enviaron un castigo por algo que la tribu ha hecho mal. 
La sociedad en la cual nos desarrollamos, afecta directamente nuestra forma de percibir el mundo y de hacer las cosas. En el documental de "Los Herederos" de Eugenio Polgovsky, Se retrata un día de trabajo de los niños de diferentes comunidades de México. 
El documental retrata como la cultura de cada grupo social se transmite de generación en generación, en su forma de vivir. La identidad de una sociedad, esta memoria colectiva que no se transmite por escrito ni se enseña en las escuelas, son su pasado, su historia, y sus creencias. Y esta herencia invisible, es parte de cada uno de los habitantes de esa sociedad. 
El problema es que estas creencias colectivas que le dan una identidad a cada sociedad, parece estarse perdiendo. Gabriel Zaid en el texto “Tres Conceptos de Cultura” dice Todos nos educamos a todos, pero cada uno tiene que aprender por si mismo. Lo ideal en el proceso de conocimiento humano, sería que fuera una combinación entre este conocimiento heredado y el conocimiento propio que se basa en experiencia, en curiosidad, búsqueda, crítica.
Anteriormente hablé de la importancia de cada ser humano en buscar algo en qué creer, en como debemos de forma individual de buscarle sentido a nuestras vidas. Pero para poder trascender individualmente, primero tuvimos que aprender colectivamente. Zaid dice “Según lo griegos, cultivarse es adquirir el nivel de libertad, el espíritu crítico y la capacidad para vivir que es posible heredar de los grandes libros, el gran arte y los grandes ejemplos humanos.”
Cito lo que escribió mi compañera Pamela Salinas “Las culturas son las que forjan una sociedad, que definen las creencias de la gente y que las une”.
Para los humanos es algo esencial este sentimiento de unión con otras personas. El ser parte de algo. De juntos avanzar, mejorar y crecer.

El ser humano busca creer, busca cultivarse, busca conocer; porque busca el progreso. Desde los orígenes de la humanidad, el hombre ha caminado hacia adelante, descubre como manipular, el fuego, como cazar, construir, comercializar, comunicarse, escribir… y podemos seguir avanzando hasta llegar a la invención de la imprenta, de los aviones, del cine, de la tecnología…
Pero el humano no solo ha avanzado en sus descubrimientos, si no es su forma de conocer, de creer y de relacionarse con el mundo.
Mario Heleren “La Ciencia de la Modernidad” explica en siete puntos como funciona la cultura en la modernidad, a diferencia de la edad media y el renacimiento.
Durante la edad media el orden social se basaba en feudos y tanto su manera de actuar y de percibir el mundo se basaban el su fe religiosa. Se buscaba la trascendencia después de la muerte, vivían una vida dedicada a la eternidad. El hombre era el centro del universo y llevaba una vida contemplativa, “El hombre conoce porque es capaz de reflejar al mundo” así que al ser un elemento receptivo, se convierte en pasivo.
Mientras que en la modernidad, el hombre ya no es el centro del universo, y su visión de la realidad requiere un orden basado en el mundo real. Ya no se busca la trascendencia después de la muerte, si no durante el tiempo de vida. Se busca ser a través del tiempo, se busca darle sentido a este tiempo de vida y se lleva a cabo una vida activa y dedicada a transformar “Cambiar el mundo para adueñarse de él y ponerlo al servicio de la humanidad”. En conclusión, es la búsqueda de recuperar el paraíso perdido, tráelo a la tierra en vez de esperar a llegar a él después de la vida.
El humano vive, porque cree en esta utopía de progreso.
Ahora que llegamos a este punto quiero hacer una comparación entre dos situaciones de nuestra época posmoderna, ambas suceden de forma simultánea, ambas incluyen un ejemplo de heredar esta cultura colectiva. Y para hacer esta comparación me basé en el texto de “Los Herederos” de mi compañera Claudia Guadalupe Sandoval.
Los niños de comunidades rurales mexicanas, se levantan temprano, y hacen labores que sus padres les han enseñado a llevar a cabo. Sus pequeñas manos trabajadoras, creadoras, resistentes y cansadas son la evidencia de su estilo de vida. Estos niños, adultos y ancianos, trabajo de sol a sol, casi todos los días de sus vidas. El problema es que aquí hay una falla en el proceso de progreso y de trascendencia de la época posmoderna en la cual nos encontramos. Es cierto que el hijo, va a aprender lo que el abuelo y el padre le enseñaron, y va a mejorarlo, ¿pero hasta que punto puede el hijo salirse del camino que ya fue trazado para él por generaciones y generaciones? ¿Qué pasa si uno de estos niños no quisiera trabajar en el campo como su padre, o ser costurera como su abuela? ¿Son entonces estas herencias unas limitantes en sus vidas? Tal vez el problema no está en las herencias, ni en que trabajar, la tierra ser costurera o ser artesano sea algo poco digno, al contrario. El problema está en que estas personas lo que buscan es trascender al estilo posmoderno. Buscan mejorar su calidad de vida pero cito a mi compañera “Entendiéndose que por calidad de vida no hablo de tener más o tener menos, si no a buscar lo mejor.
No es rico el que come caviar, es rico el que tiene antojo de tacos y puede darse el gusto de comprárselos.”
Ahora hablemos de una situación totalmente diferente, unos jóvenes dentro de nuestra ciudad. Crecieron en una ciudad con todos los servicios, de clase media alta, con una educación de calidad y con todas las posibilidades abiertas. Llevamos todas nuestras vidas con todos estos recursos al alcance de nuestras manos, sin haber tenido que hacer el menor esfuerzo por conseguirlos. Nos fueron heredadas todas estas facilidades, y aún así seguimos buscando más.
Como lo mencioné antes, el ser humano busca el progreso, camina hacia la utopía. Tanto el joven que vive en una comunidad indígena en la sierra, como el joven de la ciudad buscan mejorar su herencia.
Tristemente, la sociedad posmoderna y la definición actual de progreso no se dirigen hacia una trascendencia interior, cultural y colectiva. Ahora me cito a mi misma en el texto de Elvacío posmoderno“¿En qué será lo siguiente que iremos a creer? La edad posmoderna se ha convertido en una etapa en la que el ser humano es egoísta, no se busca la trascendencia que buscaba la antigüedad al apelar a la metafísica, ni a la eternidad a la cual se rendía homenaje en la edad media. Ya ni siquiera la razón o la libertad parecen un pilar lo suficientemente fuerte como para sostener la fe humana.”
Un joven de nuestra ciudad busca tener un trabajo en el cual él sea el jefe, poder comprarse una casa y tener una familia. Tener un coche del año (él y cada integrante de su familia), viajar y vestirse bien. Asistir a fiestas y eventos de otras personas del mismo estatus social. Tener más. Ser más, dentro de esa sociedad.
El bombardeo multicultural de los medios de comunicación, están determinando nuestros deseos y nuestras metas.  Si vemos que es que más tiene y el que mejor se ve, son los más felices, entonces debemos de tener más y vernos mejor para alcanzar esa utópica felicidad.
Pero esta propaganda consumista y superficial no solo afecta al joven de la ciudad, también llega hasta el niño de la comunidad de la sierra. Así que todos vivimos angustiados porque nunca vamos a poder tener, tanto como quisiéramos para supuestamente poder ser felices.

Actualmente, vivimos en un mundo dónde los límites territoriales se han vuelto algo efímero. La información viaja de un lado al otro del mundo en cuestión de segundos, la cultura colectiva se ha convertido en algo mundial. Claro que no se pierde la identidad de cada cultura, pero también hay un nuevo tipo de cultura universal.
Y aunque por un lado he hablado de cómo muchas personas de diferente procedencia y clases sociales buscar ser y estar igual que esta cultura universal que vemos en los medios de comunicación y de difusión. También hay otro sector de la población que busca un diferente tipo de progreso, que se trata de volver a sus orígenes. Gabriel Zaid se refiere a esto como la existencia romántica de una identidad comunitaria, en la cual cada cultura tiene sentido por sí misma. Al ser tan efímeros estos límites territoriales, buscamos formas de acentuar nuestra cultura, de conservar nuestra identidad.

El progreso de la humanidad comenzó a desviarse, a descarrilarse. En el documental llamado “Surviving Progress” de Mathieu Roy y Harold Crooks, un economista dice “La fe en el progreso se a convertido en un tipo de fe religiosa”. El progreso deja de ser un camino y se convierte en un fin, una utopía de la perfección humana.
El hombre a quedado cegado , ha olvidado que no se trata de llegar a un progreso o a una felicidad, a olvidado que la utopía es algo inalcanzable, y vive frustrado por no poder llegar a ella sin darse cuenta que eso mismo es lo que lo está haciendo caminar.

Al igual que hubieron cambios de la antigüedad hacia la edad media, de la edad media hacia el renacimiento, del renacimiento hacia la época contemporánea, puede que sea la hora de un cambio hacia una época diferente. Cito a mi compañero “(…) el hombre siempre está en una constante edificación de su yo interno, pero siempre dentro de una sociedad. “ Al cambiar los individuos dentro de la sociedad, la sociedad a su vez comienza a cambiar. Estos cambios son no suceden de un día para otro requieren una enorme fuerza de voluntad de parte de los individuos y una increíble determinación de mirar hacia delante para buscar lo mejor para nosotros como sociedad universal y para el planeta en el cual habitamos.
Como dice Ronald Wright en el documental Surviving Progress: “Tenemos que probarle a la naturaleza que somos capaces de tomar las riendas de nuestro destino de una forma responsable, probarle que la humanidad, no es un experimento fallido”.

En mi opinión de esto se trata creer, caminar hacia esa utopía que nos mueve a creer en un futuro mejor. En que el progreso todavía puede redirigirse hacia un mejor camino. Creer en que trascendemos como individuos pero también como sociedad, y que mientras guardemos esa identidad cultural que nos define, siempre tendremos un sustento. 

Supongo que de esto se trata creer, en darle un sentido a la vida y que a su vez la vida nos de un sentido a nosotros. Nos movemos por esperanzas y sueños, y en lo que creemos, es nuestro motor, que nos hace avanzar sin perder de vista lo que buscamos, ni siquiera cerrando los ojos.
Y mientras tengamos algo en que creer, este motor nunca va a detenerse.
"Las pasiones humanas son un misterio, hay gente que se pasa la vida escalando montañas sin poder explicar por qué."
-Michael Ende-

María Inés Vachez Palomar

Bibliografía y Fuentes:

-El Conocimiento Encantado, FERNANDEZ CHRISTLIEB Pablo.
-El Sentido Común como Sistema Cultural, GEERTZ Clifford
-Algunas Paradojas de la Modernidad Religiosa, HERVIEU-LÉGER Danièle
-La Historia Interminable, ENDE Michael
-Los Herederos, POLVOGSKY Eugenio
-Tres tipos de culturas, ZAID Gabriel
-Body rituals amongst the Nacirema, MINER Horace
-La Ciencia de la Modernidad, HELER Mario

2 comentarios:

  1. Excelentes reflexiones las que haces. Me encantó cómo explicaste la necesidad del ser humano de creer el "algo" y de dónde proviene esa necesidad. Me quedó también muy clara la sugerencia de Sartre de sentirnos en libertad sin necesidad de creer en nada, mas no ser unos seres vacíos y mejor llenarnos de sueños y pasiones. Creo que debemos de dejar de partirnos la cabeza en tratar de encontrar una respuesta tan compleja (¿de dónde venimos?) y mejor vivir de acuerdo a lo que tenemos en el momento presente.

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  2. Creo que además de integrar muy bien los contenidos que vimos durante el curso, tu trabajo muestra ideas muy claras. Me gustaron mucho tus reflexiones finales, muy de acuerdo con el concepto de buscar dar un sentido a lo que hacemos. Además, utilizaste suficientes fuentes para sostener tus ideas, y están debidamente citadas.

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